ROMA.- “La viña que hay que cultivar con justicia es la Iglesia, que construimos o dañamos con nuestras decisiones”, recordó el Papa León XIV este domingo a san Francisco de Asís durante el ángelus, coincidiendo con el octavo centenario de su muerte, y ha presentado su figura como ejemplo de una reforma de la Iglesia que comienza por la propia vida.
Desde la ventana del Palacio Apostólico, ante los fieles reunidos en la plaza de San Pedro, el Papa partió de la parábola de los viñadores homicidas para hablar del rechazo, la violencia y la capacidad de Dios para transformar aquello que ha sido descartado.
“Precisamente lo descartado se convierte en el fundamento que lo sostiene todo”, ha señalado, antes de resumir la idea con una frase: “¡Dios nunca desecha nuestra vida!”.
León XIV llevó después la imagen de la viña directamente a la Iglesia y recordó a san Francisco como “un trabajador que se dedicó con gran fruto en la viña del Señor”. El Papa evocó la llamada recibida por el santo de Asís para reparar la Iglesia, pero puso el acento en que aquella reforma comenzó antes en él mismo. “Francisco edificó ante todo su propia vida sobre el fundamento de Cristo”, afirmó.
“El carisma de san Francisco aún hoy, después de ocho siglos, da fruto”, continuó el pontífice. Y, como prueba, señaló tanto a la familia franciscana como a los “numerosos dones” que la espiritualidad del santo continúa aportando al conjunto de la Iglesia.
“Pidamos con perseverancia el don de la paz y comprometámonos sinceramente a construir la concordia entre los pueblos”, reclamó.
Al comienzo de su reflexión, León XIV se había detenido en el contraste de la parábola evangélica: “El que ha venido a traer la salvación recibe una condena; el que quiere dar la vida es condenado a muerte”. Una escena que, según el Papa, remite también a “las numerosas crueldades que devastan al mundo y a la historia de los pueblos”, pero que no termina en el rechazo.
“Ese rechazo violento no fragmenta la voluntad de Dios”, explicó, porque Dios “transforma el mal en rescate”. León XIV cerró el Ángelus uniéndose espiritualmente a los fieles reunidos en el Santuario de Pompeya para la Súplica a la Virgen del Rosario y encomendando a María el trabajo por la paz y la concordia. /Globovisión

